Empieza
con fuego.
Brasa de encina, sin atajos. La llama hace lo que tiene que hacer: dorar, sellar, perfumar. Sin gas. Sin trucos.
Sigue
con el corte.
Hasta 70 días madurando en cámara propia. Reposo, paciencia, concentración de sabor. Cuando llega a la brasa, ya está medio escrito.
Termina
con quien
lo hace.
La diferencia no está en el corte. Está en quien lo elige cada mañana, lo madura, lo corta, lo pone en la brasa y te lo trae a la mesa.